martes, 29 de marzo de 2011

El desvio


El viaje transcurría con tranquilidad.
Mientras él conducía, ella consultaba un mapa.

– Cari, ¿qué tal si improvisamos un poquito y nos desviamos aquí?
– No, querida. Sabes que no es una buena idea.
– Lo pasamos tan bien la última vez que vinimos... – Recordó ella con la mirada perdida. –Estaba todo lleno de monumentos, buenos paisajes y aire sano.
–Ya, querida, pero este lugar ha cambiado mucho desde entonces. Acuérdate de lo que nos contaron los vecinos, que vinieron aquí hace poco. No fueron bien recibidos. Los lugareños se han vuelto hostiles con los foráneos. El urbanismo atroz ha destruído muchos de esos monumentos y paisajes. Además, las numerosas industrias que se han creado aquí en los últimos tiempos, han ensuciado el aire, que ahora ya no es tan sano. Con la riqueza que se ha creado, les ha llegado la desigualdad. Ahora se roban y se matan entre ellos. –La tranquilizó cogiéndole la mano– No te preocupes, querida. Vamos a pasar las mejores vacaciones de nuestra vida. Pero no será aquí.
–Tienes razón, cari. Me he dejado llevar por los recuerdos.

El vehículo continuó su marcha sin desviarse.

Por la ventanilla, se veía, cada vez más pequeño, un hermoso planeta azul.

jueves, 24 de febrero de 2011




No hay palabras, no hay imágenes, no existen personas que puedan conocer ese sentimiento.

Dos cuerpos que se unen produciendo un colapso de gigantescas magnitudes, como la unión de un volcán con un huracán.

Sus manos activando cada poro, cada célula, cada partícula de su piel. Sintiendo el compás acelerado de dos corazones que navegan en un mar de grandes olas, movidas por la fuerza de la pasión.

Sus labios al encontrarse producen un terremoto cósmico, dos relámpagos que caen a la tierra en el mismo momento y en el mismo lugar, produciendo un estremecimiento en todo su ser.