jueves, 24 de febrero de 2011




No hay palabras, no hay imágenes, no existen personas que puedan conocer ese sentimiento.

Dos cuerpos que se unen produciendo un colapso de gigantescas magnitudes, como la unión de un volcán con un huracán.

Sus manos activando cada poro, cada célula, cada partícula de su piel. Sintiendo el compás acelerado de dos corazones que navegan en un mar de grandes olas, movidas por la fuerza de la pasión.

Sus labios al encontrarse producen un terremoto cósmico, dos relámpagos que caen a la tierra en el mismo momento y en el mismo lugar, produciendo un estremecimiento en todo su ser.


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